Agosto 08 – Edimburgo
Septiembre 17, 2008 at 7:46 pm | In La vuelta a Europa en 12 meses | Leave a CommentEdimburgo o Edmbra, como dicen sus lugartenientes, es una ciudad preciosa. Verde, de sol y lluvia, y de preciosos paisajes. Si a esto unimos que ClickAir te lleva coincidiendo con el Fringe Festival estás de suerte. La ciudad se abarrota y hay diversión, cultura y buen humor por todas partes. Si acabas con menos de 50 panfletos es que no has visitado el Old Town de Edimburgo. La Isabel Fay del folleto del primer plano de la imagen, la que conversa con un caballo, nos dio el folleto ella misma ataviada con el vestido con el aparece en la obra, lo que define el Fringe. Cercano, divertido, multicultural.

El primer día llegamos tarde y decidimos dar una pequeña vuelta por el New Town (George, Princes y Queen Street) recorriendo tiendas y pubs. Paramos en Antonio’s para tomar un fish&chips para llevar y otra cosa, también con chips, parecida a una morcilla aunque un poco dulce y muy buena.

Despertamos a un soleado día en tierras escocesas pero que acabará pasando por todos los estados metereológicos posibles: sol y calor, nubes, lluvia y fresco, viento y hasta aquí. Vemos que cada vez que empieza a llover los escoceses no sacan el paraguas y aciertan, a los diez minutos ya ha parado. Aquí nos tenéis en los preciosos Jardines de la Reina (Princess Gardens) y de fondo el puntiagudo e impresionante monumento a Sir Walter Scott.

Los jardines se encuentran a los pies de Castle Rock, la colina sobre la que se encuentra el Castillo de Edimburgo.

A la entrada del Castillo nos encontramos con unas gradas en las que durante todo el mes se celebra la Military Tatoo, competición de bandas militares de gaiteros de todo el Reino Unido. Por el entorno y todas esas banderas parecía más un estadio de quidditch donde Harry Potter y compañía compiten con sus escobas voladoras.

El Castillo es de visita imprescindible. En él se puede disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad y encontrarnos con: la Piedra de Scone (o Piedra del Destino) sobre la que coronaban los reyes escoceses; la capilla de Santa Margarita, pequeña, antigua y curiosa; los Honores de Escocia, las joyas de la corona y el enorme cañón del siglo XV Mons Meg.

Salimos del castillo y recorremos la Royal Mile, aunque hacemos una primera parada con un auténtico lord escocés que nos encontramos por el camino.

Delante de la famosa taverna Deacon Brodies empieza la zona al aire libre del Fringe Festival. Al fondo la Catedral de Saint Giles.


En la zona del Fringe te paran actores amateurs para convencerte de que vayas más tarde a ver su obra de teatro. Cualquier método es válido.

Encuentras desde un grupo de chicos cantando y bailando como locos, a un español vistiendo de flamencas a japonesas o a un mago escapistas. Todo con mucho humor y ambiente de fiesta.


Nos acercamos con el coche a Stirling. Visitamos el castillo que te ofrece una idea de cómo sería la vida en él, así como de los diferentes personajes que lo habitaban, desde el cocinero al bufón. Es bonito aunque comparado con el de Edimburgo, enmarcado en lo alto de colina no puede competir.

A las afueras de la ciudad, una visita imprescindible, el Monumento a William Wallace. El héroe que luchó contra los ingleses es un orgullo para los escoceses y en su honor, le levantaron una enorme e impresionante torre puntiaguda. Para llegar a lo alto hay que subir 246 escalones (que luego habrá que bajar) por una estrecha escalera de caracol.

Con la audioguía que va incluído en el precio de la visita podremos descubrir la historia completa de Wallace que, al menos físicamente, poco tenía que ver con Mel Gibson, ya que era un hombre de más de dos metros de altura. Esto lo demuestra la enorme espada que desenvainaba en sus batallas contra los ingleses. También descubrimos parte de su historia que la peli Braveheart no llega a contarnos, ya que acaba antes. Cuando finalmente Wallace es vencido y capturado por los ingleses, lo decapitaron, desmembraron su cuerpo y mandaron sus partes a diferentes ciudades inglesas para enseñarlas como trofeo. Pero a esas alturas el héroe escocés ya había infundido en los suyos su espíritu, lo que les llevaría a conseguir su ansiada independencia.

Nos hubiera encantado conducir hacia las Highlands, Inverness, el Lago Ness, etc, pero nos queda muy lejos para hacer un viaje de un día así que lo anotamos y nos prometemos volver por tierras escocesas para cumplirlo. Así que nos encaminamos a una ciudad más cercana, Saint Andrews, cuna del golf mundial. A parte de acercarnos a un hoyo 18, visitamos la preciosa catedral y el castillo, ambos en ruinas.



Todo parece estar rodeado de verde en este país. Dejamos la aristocrática Saint Andrews tarde para dormir en Edimburgo y recargar pilas para el día siguiente.
La mañana siguiente visitamos Glasgow que no aguanta la comparación con Edimburgo. Si Edimburgo es verde, Glasgow es gris. Recomendamos un buen paseo por el centro, donde encontramos una pequeña exposición sobre la elaboración del whisky…


… y por su catedral y la necrópolis que la circunda, quizá la mayor atracción de la ciudad.

Volvemos a Edimburgo a pasar la tarde por la Old Town antes de coger el avión de vuelta. Disfrutamos de algún espectáculo al aire libre y no dejamos de sorprendernos por la amabilidad y simpatía de los escoceses. Alguno se interesaba por de dónde éramos y al decirles que de Barcelona, intentaban incluso hablarnos en español o discutir, siempre con mucho humor, sobre los duelos de Barça y Glasgow en la Champions League.
Nos vemos el siguiente mes en otro continente y es que nuestro destino es Marrakech.
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