Septiembre 08 – Marrakech

Octubre 28, 2008 at 8:52 pm | In La vuelta a Europa en 12 meses | Leave a Comment

Y hasta aquí…

Es una pena, pero el de Marrakech ha sido el último de los doce viajes que hemos disfrutado gracias a ClickAir. Se nos ha pasado volando, nunca mejor dicho. No olvidaremos este año recorriendo Europa con la suerte de poder coincidir con algunas de las fiestas locales como el Fringe Festival de Edimburgo, los Carnavales de Venecia o la Oktoberfest de Munich, por poner sólo algunos ejemplos. Así que, gracias a ClickAir y a toda su gente que nos ha hecho tan fácil viajar durante todo este año. Y en especial a Marta y sus compañer@s que han estado siempre accesibles y atendiendo todas nuestras consultas, nuestros cambios… ¡un abrazo muy fuerte!

Volvamos a Marrakech. Una inoportuna gripe no nos permitió viajar en septiembre y la hemos visitado este último fin de semana. Quizá haya sido el viaje en el que más nos hemos mezclado con la gente, viviendo su cultura… y es que es difícil no hacerlo en cuanto entras en la Medina.

A pocos pasos de la muralla de la Medina nos para Alí asegurando que es el cocinero de nuestro hotel y que nos ha visto llegar esa mañana. El cocinero (a partir de ahora), que quizá no ha visitado una cocina en su vida, nos da confianza para que le sigamos a pesar de que estamos seguros que acabará por pedirnos algo de dinero. Nos dice que nos acercará al Zoco pero antes nos enseñará una exposición de artículos típicos “muy bonita”, es decir, la tienda de un amigo suyo. Nos dejamos llevar.

Nos enseña cuatro palabras para defendernos (“chokrane” = gracias, “bzzaf” = mucho, “chouiya” = poco, salam malecum = hola, al que se responde “malecum salam”…). Accedemos a la Medina por la puerta Bab Doukkala y empezamos a ver que no es una de las zonas más transitadas por los turistas, más bien todo lo contrario. Recorremos calles muy estrechas, esquivando puestos de comida (algunos con dificultades para pasar un control de sanidad) y gallinas sueltas.

“Éste es el verdadero Marrakech”, asegura el cocinero. Está bastante claro que así es. Al volver cada esquina nos sorprende el fuerte olor mezclado de los puestos de especias, de comida y de abono. Vemos la entrada a algún hammam, sólo indicada por los baldosines enmarcando una puerta de un viejo edificio. Nosotros despistados mirando a un lado y a otro y las motos nos pasan rozando así como los destartalados carros tirados por un caballo.

Y es que el tráfico es un caso a parte. Nota: 1) No existen los carriles aunque estén pintados. 2) Se va por donde se puede, se pueden encontrar tres coches en paralelo donde no cabe más de uno y medio. 3) El que se encuentra dentro de una rotonda no tiene prioridad con el caos que ocasiona. 4) Hay pocos semáforos y casi ninguno de peatones, así que hay que tener mil ojos para cruzar. 5) Todo lo anterior aplica fuera de la Medina. En su interior no hay reglas, ni carriles, ni sentidos de la circulación.

El cocinero nos muestra la mezquita más antigua de la ciudad, perdonad que no recuerde el nombre, que se encuentra al fondo de la imagen.

Seguimos por un laberinto de calles, callejuelas y pasajes hasta la tienda de Abdul, el amigo del cocinero. Son amables e insisten en que nos sentemos a tomar el te a una mesa baja. Nos interesamos por unas babuchas pero al poco Miriam está ataviada de arriba abajo con un sari y un pañuelo, y las babuchas que le gustan. Naranja, naranja, naranja.

Al poco yo también caigo y me visto. Viendo como me queda comprenderéis que no me lo quedara.

Entonces bajamos al sótano y después de la tercera ronda de té con menta, el whisky marroquí como ellos lo llaman, muy bueno por cierto, intentan seguir vendiéndonos. Ahora alfombras (auténticas bereber), cubrecamas, cojines… y empieza el regateo. El cocinero nos explica que hay tres fases. Vendedor y comprador pueden ofrecer hasta tres precios y si no se llega a un acuerdo, se aparta algo del total de la mercancía y se vuelve a empezar. Indicar qué vale cada cosa no vale, el precio ha de ser del conjunto. Abdul escribe en un papel su nombre junto al de Miriam y hace una raya en medio. Y propone el primer precio, Miriam lo tacha y ofrece uno mucho más bajo, que Abdul tacha rápidamente. Así pasamos discutiendo un rato hasta conseguir llevarnos unos cuantos pares de babuchas por no más de lo que esperábamos gastarnos, aunque después de una dura negociación.

Al salir de la tienda, Abdul nos regala una pequeña vasija para quemar incienso y aunque no está contento del todo porque no nos hemos dejado todo el dinero que le hubiera gustado nos despide con un apretón de manos. Después de la compra, el cocinero tarda poco en deshacerse de nosotros y nosotros nos encaminamos hacia la Plaza Jamaa el Fna, centro neurálgico de la Medina. Caminamos por la avenida Mohamed V y a lo lejos empezamos a ver la Mezquita Kutubia, quizá el monumento más representativo de la ciudad de Marrakech.

Llegamos a la inmensa Plaza Jamaa el Fna y paseamos entre los puestos de comida…

…los encantadores de serpientes…

…los puestos de ropa, bolsos, babuchas…

…los puestos de especias…

…y los niños que se nos cruzan pidiendo una moneda.

Seguimos por el Zoco que colinda con la Plaza y nos colamos por sus callejones cubiertos repletos de tiendas y vendedores que, cada dos pasos, tiran de ti para que les compres algo en su tienda.

Regateamos un poco más esta vez por un bolso y creemos conseguir esta vez un buen precio ya que parece incluso un poco enfadado el tendero cuando nos vamos.

De vuelta a la Plaza decido hacerme un tatuaje de Henna por una jovencita marroquí, que con mucho arte, en menos de tres minutos lo tenía acabado.

Al acabar les decimos de posar para una fotografía y la madre nos dice que esperemos hasta que se ponga el velo.

Salimos de la Medina y nos encaminamos hacia el hotel.

El exterior de la Medina no tiene nada que ver con su interior. Interminables avenidas recién asfaltadas, calles muy limpias y enormes hoteles-spa.

Pasamos por un par de edificios muy destacables. El precioso Teatro Royal:

Y la espectacular Gare de Marrakech, la estación de tren que te lleva a Casablanca.

Y eso es todo.

Hasta aquí la aventura de este año que no olvidaremos. ¡Gracias ClickAir!

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